Ernest Pons examina el cambio de paradigma en la educación superior, donde las instituciones transitan de la rigidez de la cátedra tradicional hacia un modelo centrado en el alumno y la diversidad. El autor tipifica los perfiles académicos actuales, contrastando al estudiante comprometido con el periférico , este último caracterizado por un aprendizaje estratégico y mayor ausentismo. Se argumenta que la democratización educativa y la tecnología han diversificado las aulas, obligando a la universidad a renovar sus métodos para combatir la desigualdad. La conclusión principal es que la autorregulación del aprendizaje es el motor esencial para el éxito en un sistema que debe modernizarse para mantener su relevancia.
Se describe la transformación en la educación superior que desplaza el foco de la instrucción directa hacia la construcción de aprendizaje significativo . En este modelo, el estudiante se convierte en el eje del proceso, mientras que el profesor actúa como facilitador del pensamiento crítico y el diálogo. Se enfatiza el uso de metodologías activas , como el aula invertida y el aprendizaje basado en problemas, para fomentar la independencia intelectual. Además, se propone un currículo flexible que integra diversas experiencias, sosteniendo que el conocimiento robusto nace de la interacción constante y de una didáctica basada en evidencias.